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miércoles, 29 de marzo de 2023

Borges y Borges: una conjetura

Borges y Borges: una conjetura En 1938 Borges sufrió un accidente muy grave que estuvo a punto de costarle la vida: llegaba a su casa tras haber comprado un nuevo ejemplar de Las mil y una noches, y subió las escaleras en vez de tomar el ascensor por la excitación que le provocaba su nueva adquisición. Atolondrado, se llevó por delante el batiente de una ventana recién pintada y como consecuencia tuvo una septicemia que requirió internación. Estuvo debatiéndose entre la vida y la muerte durante más de dos semanas en una época en la que no había antibióticos. Cuando sale de este cuadro tan agudo, durante la convalecencia, razona que si intenta escribir otro ensayo (género en el que estaba consagrado y en el que se sentía cómodo) y fracasaba, esto sería un desastre. Si, en cambio, escribía un cuento, el presunto fracaso no le dolería tanto. El resultado: “Pierre Menard, autor del Quijote”. Un cuento que alumbra al nuevo escritor, a un Borges que por fin se autoriza a ser un autor de ficciones (bien valga la redundancia). En 1953, escribe “El sur”, que tres años más tarde incluirá en Ficciones, publicado en 1944,. Se puede conjeturar que el accidente es un jalón en su vida porque le permite justamente dar un paso gigantesco, que es el de crear lo que algunos llaman el “cuento borgeano”, un género aparte. Hasta ese momento había creado otros relatos como “Hombre de la esquina rosada” o la serie de la Historia universal de la infamia, pero con Pierre Menard nace el Borges genial de Ficciones, el que ha deslumbrado al mundo entero. ¿Qué le pudo haber pasado en esa convalecencia? Conjeturo que se liberó del mandato de la muerte corajuda cuerpo a cuerpo y la pudo trasladar a la escena literaria en tanto protagonista, fuertemente autobiográfico, muriendo como un valiente: Dahlmann-Borges sale a la llanura y empuña el arma que tal vez no sabrá manejar. Gane o no, en el coraje de aceptar el reto, está el valor, lo que necesariamente debe de haber contribuido a un alivio enorme Es por esto, a mi entender, que nuestro escritor afirma que “es acaso mi mejor cuento”. Desde ya que es un relato perfecto, pero bien puede decirse lo mismo de casi todos los cuentos de Borges (y sin duda muchos lectores discreparán con el propio autor). Sin embargo, la afirmación del prólogo de Artificios, dentro de Ficciones, nos permite sospechar que la escritura del Sur, tantos años más tarde, es el fruto de una relectura de sí mismo y de su escritura, la cual resignifica esa victoria de 1938, en la cual por fin encuentra su destino de hombre de armas. Análogamente, Francisco Narciso de Laprida había encontrado su destino sudamericano, rozando la muerte, pero lo encuentra. El escritor también. En “Borges y yo” dice: “Yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica”. Sospecho que después del accidente, consigue establecer una distancia subjetiva interna entre él y él, entre el Borges sometido al mandato incumplible de ser un guapo corajudo y Borges, el otro, el que se lanza a "Pierre Menard, autor del Quijote". Cobrando el necesario valor para dar el paso que lo llevó, justamente, a ser Borges, ni más ni menos.

sábado, 27 de octubre de 2018

Sobre "La muralla y los libros"



En el taller Borges, los clásicos y los otros, el jueves 25 de octubre/18 compartimos la lectura de "La muralla y los libros", incluido en Otras inquisiciones.

“La muralla y los libros“ es un ensayo sobre el hecho estético. Comienza con una reflexión acerca de un acontecimiento histórico que genera en el autor un doble sentimiento: satisfacción e inquietud. El origen de estas emociones es la concomitancia de dos acciones llevadas a cabo por el emperador Shih Huang Ti en el siglo III a. C.: la destrucción de todos los libros anteriores a su mandato, incluyendo a autores de la talla de Confucio, y la construcción de una casi infinita muralla. Borges se propone indagar el origen de sus contrarias emociones.


El juego de los opuestos construir y destruir y, detrás de ellos, la articulación o el diálogo entre "las armas y las letras", es lo que genera dos sentimientos tan contradictorios, tan borgeanamente contradictorios como satisfacción e inquietud. Recordemos que una muralla es un arma defensiva y las letras para Cervantes, son las leyes; no es desacertado conjeturar que Borges está pensando no sólo en lo puramente literario sino también en la historia, la filosofía y el derecho, y más aún. 

Deslumbra el carácter conjetural de este ensayo. En él, se observan varias anáforas: tal vez, tal vez; acaso, acaso... Borges va ensayando una reflexión acerca de la naturaleza del hecho estético: a partir del acontecimiento histórico se encamina hacia una definición. Lo bello como la inminencia de una revelación a partir de las caras trabajadas por el tiempo, la música,  los estados de felicidad. El hecho estético en su pura formalidad, como la música como paradigma, relacionado con la verdad. Lo bello, lo bueno y lo verdadero, diría Lacan.  

lunes, 12 de febrero de 2018

Borges y la espiritualidad

E


En este video tomo algunas objeciones y comentarios muy valiosos que recibí  a partir del video "Borges y su relación con Dios". Trato de completar el complejo vínculo de Borges con lo divino y me propongo presentar la espiritualidad borgeana como un elemento constitutivo de su subjetividad como sujeto textual y como autor.

Taller Borges, los clásicos y los otros





Presentación del taller Borges, los clásicos y los otros. Año lectivo 2018.

Claves para leer a Borges







"Claves para leer a Borges". Esta es la conferencia a la que se refiere Alicia Vergili en su entrevista. Vino mucha gente. Fue un homenaje, un recorrido por mi libro El divino desorden. Claves para leer a Borges, un pantallazo sobre nuestro autor. Un placer y un honor que haya tenido lugar en el Auditorio del Anexo del Congreso de la Nación en noviembre de 2016, en el marco del 30 aniversario de la muerte de Borges.

Con Alicia Vergili en Radio Cultura Congreso/Noviembre 2016






Ésta es la entrevista que me hizo Alicia Vergili en Radio Cultura Congreso en noviembre de 2016. Fue un año muy pleno para mí, por el 30 aniversario de la muerte de Borges. Algunas conferencias fueron grabadas, otras no, pero este fue un reportaje radial muy agradable y satisfactorio por la calidad de Alicia y por la calidez de todo el equipo de la producción. Fue en el estudio y les estoy muy agradecida.

Entrevista con Héctor Larrea / 2008



Este video corresponde a la entrevista que, para mi sorpresa, me solicitó Héctor Larrea en 2008. Yo estaba dando un ciclo de conferencias gratuitas en la Biblioteca Ricardo Güiraldes sobre Borges, realmente exitoso pues había gente hasta en las escaleras, y un día me llaman de la producción del programa de Larrea para proponerme una entrevista. Muy  emocionada y orgullosa,  el reportaje tuvo lugar al día siguiente, 20 de junio de aquel año. Fue la primera vez que hablé en la radio. Y haberlo hecho con Héctor Larrea es todo un privilegio.

Sobre narradores y autores



Les presento en este video algunas nociones de narratología: autor,  sujeto de la enunciación literaria,
tipos de narradores. Es un tema apasionante: quienes quieran profundizarlo, lo encontrarán desarrollado en El divino desorden. Claves para leer a Borges, en el capítulo 2.

Una pequeña reflexión acerca de la relación de Borges con Dios


miércoles, 24 de enero de 2018

Acerca de la relación de Borges y Dios






Acerca de la relación de Borges y Dios







Amigos: algunos (cuando aún estaba en Facebook) me han hecho comentarios elogiosos y empáticos acerca de la afirmación de que para Borges Dios es un personaje de la literatura fantástica. Otros, en cambio, manifestaron ciertos reparos o discrepancias, argumentando que en Borges cabe leer un aspecto religioso.




Ante todo, quiero citar las palabras en las que me basé: “En efecto, ¿qué son los prodigios de Wells o de Edgar Allan Poe -una flor que nos llega del porvenir, un muerto sometido a la hipnosis- confrontados con la invención de Dios, con la teoría laboriosa de un ser que de algún modo es tres y que solitariamente perdura fuera del tiempo? (Leslie D. Weatherhead, After death, Discusión).




Cuando nos referimos a la relación de Borges con Dios, lo primero que se impone es la discriminación entre Borges autor (es decir la persona, el señor Borges y sus circunstancias) y Borges sujeto textual, o más sencillamente, Borges escritor.




El autor siempre se declaró agnóstico, es decir, que no se pronuncia. A-gnosis, es decir no conocimiento, aplicado a la divinidad, significa que el sujeto no sabe, no se pronuncia, y en ese no pronunciarse se alberga una duda. Muchos confunden agnosticismo con ateísmo, pero bien sabemos que no son lo mismo. Y Borges jamás se reclamó ateo.




Por ende, en el autor cabe ubicar una duda respecto de la existencia de Dios y de su creencia en lo absoluto.




Por el lado del sujeto textual, en su escritura se dejan leer variadas posiciones que corresponden a la "discordia íntima de su suerte", como él afirma, es decir a un sujeto textual contradictorio, en pugna permanente consigo mismo.




Veamos el aspecto lúdico-fantástico. Por ejemplo, en “Tres versiones de Judas”, Borges pone en escena a un teólogo ficticio, Runeberg, quien postuló que Jesucristo es Judas: Jesucristo decidió rebajarse a la traición y al abuso de confianza, fue también Judas y decidió caer en la mayor bajeza, lo cual era absolutamente necesario, a los ojos de Runeberg, para la “economía de la redención”. O sea que Borges está inventando una ficción, está jugando con problemas de índole teológica, como lo hace también en “La secta del Fénix” o en “Los teólogos”. Esto condice con su afirmaciòn acerca de la teología como una rama de la literatura fantástica.




En el video posteado sobre Borges y Dios, yo sostengo que a Borges le hubiera gustado tener una experiencia mística, que no tuvo, y que la construcción del Aleph como artificio ficcional y de la serie de los artificios congéneres (el zahir, la escritura del Dios, la palabra islandesa undr, la memoria de Funes, la biblioteca de Babel y otros más) son un intento de restituir, en la ficción, una divinidad absoluta que para él no existe y que por ende deja al sujeto en un total desamparo.

Podemos leer en Borges una nostalgia de lo que no tuvo, y por ello mismo el propio Borges, en su Aleph, se pone a sí mismo en serie con el profeta Ezequiel, con Alanus de Insulis y con Attar el persa, poeta místico. Su propia inclusión en un conjunto de místicos ya puede y debe ser leída, a mi juicio, como una voluntad de pertenecer a ese conjunto, como un deseo irrealizado, salvo en el terreno de la ficción.

Por otra parte, es cierto que en muchos escritos, como por ejemplo el poema en prosa “El palacio” incluido en El oro de los tigres, se lee con claridad una verdadera creencia en lo absoluto. Lo mismo puede afirmarse respecto del poema “Ajedrez”, o de “El Gólem”, para dar un par de ejemplos de los tantos que hay.

Esta duda a la que me referí más arriba, este pendular entre existe Dios y no existe Dios, propicia lecturas diversas originadas en las contradicciones internas del sujeto Borges. Diversas, además, por distintos motivos: algunos lectores ven en Borges a un creyente inconfesado, otros a un agnóstico, otros, a un ateo... Muchas veces, los lectores o los críticos, que son lectores profesionales, proyectan su propia relación o no relación con Dios, de modo que suele suceder que los creyentes tienden a ver a un Borges creyente, los ateos un ateo y los agnósticos un agnóstico. No es fácil obturar toda identificación con el sujeto textual, como tampoco con el autor.

Yo sostengo que para Borges, como él lo declara en Discusión ("Leslie Weatherhaed, After death"), Dios es un personaje de la literatura fantástica. Esta aseveración es totalmente cierta, pero parcial, si recordamos su permanente contradicción consigo mismo. Incompleta, porque en su propia duda hay una nostalgia o apetito de la creencia en Dios o en un ser absoluto y trascendente.

Detengámonos en este punto a fin de discriminar la religión del campo de la espiritualidad. Espiritualidad y religión no son lo mismo en la medida en que la religión es una realidad humana muy compleja, que parte de lo espiritual, pero que está atravesada por lo institucional, lo político, lo social, el poder, etc. Mientras que la espiritualidad, en cambio, es esa dimensión humana que tiende a y anhela un contacto con lo trascendental y absoluto, más allá de los dogmas, de las iglesias, de los ministros de Dios. Por eso mismo, tal vez, cuando Borges se declara agnóstico, conjeturo, a partir de su conocido anarquismo spenceriano, tal vez le disgustaba el alineamiento en una religión "regimentada", y acaso su espiritualidad, su sensibilidad frente a la existencia de un ser superior, una potencia superior o una instancia trascendente, se vio empañada, sigo conjeturando, por la mediación de la religión.

La espiritualidad borgeana es muy spinoziana, como me hizo ver una gran amiga mía, que me escribió un interesante mail al respecto. Afirma mi amiga que “es imposible no creer en Dios cuando nos enfrentamos al misterio de la existencia. Por eso coincido con el gran Baruj: deus sive natura. Naturaleza como pura fuerza inmanente”. Y no es descaminado conjeturar que es así como Borges se relacionaba con lo trascendente; como dice Spinoza, todo es Dios y todo está en Dios: el panteísmo. Por otro lado, para mí, en la teología, Borges realmente encuentra fantasía y narratividad.

En todo caso, dejando de lado la distinción entre espiritualidad y religión, a mi modo no me olvidé de esta última cuando hablo de la nostalgia y por consiguiente de la tristeza de no haber tenido la felicidad de un Ezequiel o de un Alanus de Insulis o incluso de un Tzinacán, el sacerdote que descifra finalmente la escritura del dios, de un dios precolombino, y que habría podido ser libre, feliz y poderoso pero renunció a todo. Tzinacán no quiso pronunciar la sentencia sagrada porque el contacto con Dios fue lo máximo que le podía suceder.

Recapitulando, en Borges está la idea o la convicción de la teología como literatura fantástica, lo cual no impide que albergue en su fuero interno la duda entre la creencia y la no creencia, el cuestionamiento de la religión establecida, la espiritualidad y la restitución, a través de la estrategia ficcional, de la experiencia mística.

Video: Homenaje a Borges en el 30 aniversario de su muerte Auditorio Congreso



Homenaje a Borges en la Cámara de Diputados de la Nación
7-11-2016













Video Galería Borges. Producción: Eleonora Arroyo




Galería de objetos representativos del universo borgeano. Producción: Eleonora Arroyo.

https://drive.google.com/file/d/0B5bXX9okO5wtWTZSYWppZGlaMl80SkJrZkx6Z2lRZUVKdzk0/view?usp=sharing

Sorteo de Borges esencial (RAE) y El divino desorden el 11-12-2107






Aunque consciente de que es un poco tarde, les paso el link correspondiente al programa Pura Vida, conducido por Karina Mazzoco, que salió al aire por Canal 7 el lunes 11 de diciembre de 2017. En aquel momento, yo tenía una página Facebook que me fue bloqueada y lamentablemente no pude entrar nunca más... Misterios de la web... 

Pero lo que me interesa es que mis lectores vean esta hermosa promoción que hizo Miriam Molero, a quien aprovecho para agradecerle públicamente su generosidad. Y que nos cuente quién fue el ganador de Borges esencial junto con El divino desorden. Para mí fue un gran orgullo.



Programa Pura Vida
Horario 9 a 11 en la TV Pública con conducción de Karina Mazzoco.
Periodista literaria Miriam Morlero. 

Entrevista con Héctor Heredia en radio Conexión abierta. 12-11-2017





Hola, amigos. Les paso el link Youtube del programa "Una vuelta al mundo", conducido por Héctor Heredia, realizado el 12 de noviembre de 2017 en Radio Conexión Abierta, Gracias Héctor, por la invitación.

- Programa: Una vuelta al mundo - Conducción: Héctor Heredia - Día y horario: Domingos 13hs. - Web: www.conexionabierta.com.ar Conexión Abierta | Tu medio di...
YOUTUBE.COM

Ana Frank y Pierre Menard, autor del Quijote







Ana Frank y Pierre Menard, autor del Quijote


El Diario de Ana Frank, escrito entre 1942 y 1944 y publicado por su padre en 1947, es uno de los textos más leídos en el mundo entero, junto con la Biblia y el Quijote. Según las diversas fuentes, habría sido traducido a sesenta o setenta idiomas, y figura en los programas de los estudios secundarios de casi todos los países europeos.


Resulta impactante por lo bien escrito, por la madurez y la profundidad de pensamiento de una niña de sólo trece años cuando comienza (y termina, lamentablemente, a los 15). No es vano conjeturar, como diría Borges, que hubiera sido una gran escritora. Es más: lo fue.


Su Diario es el relato pormenorizado de la convivencia de dos familias judías y un amigo (ocho en total) escondidas en un espacio muy reducido, al que Ana denominó “el anexo”. Es un testimonio histórico de la barbarie nazi, del encierro y del terror, de la dificultad de la convivencia, de cierta mezquindad infaltable (el dentista), también de mucha generosidad (el padre), de las espinosas relaciones entre madre e hija mujer, del amor incipiente en una adolescente, de la eclosión de la sexualidad, de la mirada crítica del mundo.


También es un precioso documento periodístico (Ana había decidido ser periodista y escritora) del minuto a minuto de Holanda ocupada, con los bombardeos, las escuchas clandestinas de las radios, la escasez de alimentos, de ropa, de elementos de primera necesidad. Testimonia, asimismo, la fulgurante belleza de la solidaridad de los protectores.


Es imposible leer el Diario ignorando lo que le sucedió después. Dicho conocimiento es un componente propio de la lectura, y aquí quiero detenerme. Hay tantas novelas autobiográficas, diarios, correspondencia de escritores, que se leen antes o después de conocer sus obras. Pero el marco de lectura del Diario de Ana Frank, precisamente, es su violento e inesperado final. Inesperado, sí, porque Ana no deja de planear su futuro todo el tiempo, creyéndose al abrigo de las garras asesinas. Este dato fundamental, su muerte en un campo de exterminio,  resignifica sus palabras de un modo absoluto.


Pensemos en “Pierre Menard, autor del Quijote”. Si hacemos el ejercicio de suponer que la vida de Ana Frank no fue aplastada brutalmente a los quince años, la lectura cambia.  Es lo que Borges quiso decir: en otro contexto, las mismas palabras serían el testimonio de un episodio doloroso vivido por la escritora que habría sido.


El ejercicio propuesto por Borges en su cuento-ensayo “Pierre Menard, autor del Quijote” es, además de la exposición de una teoría de la lectura y de la recepción, una humorada. Que un escritor del siglo XX se proponga ser Miguel de Cervantes Saavedra, que hable el castellano del siglo XVII, etc., es tan desopilante como fantástico e increíble.


Dejemos de lado la dimensión humorística del texto borgeano, para focalizar las condiciones del marco de lectura. Supongamos, entonces, no ya un planteo fantástico humorístico de un pedante ridículo francés que quiere ser Cervantes: supongamos un avatar posible: que las dos familias no fueran delatadas. Supongamos, por consiguiente, que Ana se salvó. Sigamos suponiendo que llega a ser la periodista y escritora que proyectaba ser. Y si las dos familias se salvaron, seguimos suponiendo con bastante fundamento, que Ana se convierte en periodista y escritora (o sigue siéndolo, puesto que en su Diario lo fue).


En sus líneas se observa a una joven impetuosa, inteligente, atrevida, muy independiente de pensamiento. No dudo en afirmar que habría llegado a ser una gran escritora, o como mínimo una buena escritora,  pues prometía. Tanto es así que, cuando se la llevaron, no sólo se encontró su Diario sino también doce cuentos y una novela inconclusa.


Qué distinto valor tendrían sus sueños si realmente Ana hubiera cumplido con sus otros proyectos (digo “otros” proyectos, pues es una escritora, como lo confirma el impacto mundial de su Diario). Si Ana Frank no hubiera sucumbido y si hubiera llevado adelante la carrera planificada, entonces el Diario hubiera sido un material valioso para iluminar la vida y obra de una escritora (hoy, si viviera, tendría 88 años) que vivió, de joven,  dos años en la clandestinidad. Se leería de un modo totalmente distinto, y sobre todo con otra emoción. Se leería con indignación y pesadumbre, pero sobre todo con alegría, con la alegría propia de la salvación. Prescindamos también del hecho de que Ana planificaba escribir una novela llamada El anexo basándose en su Diario cuando Holanda fuera liberada de los nazis.


Pero la emoción preponderante que acompaña al lector del Diario es dolor, aunque también admiración y ternura. A cada paso, con cada hallazgo, uno no puede dejar de lamentar su muerte y de maldecir a sus delatores.


El condicionamiento de esta lectura por el marco situacional único en el que se inscribe en las letras universales es un ejemplo magnífico de la teoría de la recepción postulada por Borges en su Pierre Menard. Vale la pena hacer el ejercicio.

Sobre "El ave Fénix"
















Sobre el cuento "El ave fénix"





Ficción ensayística, el cuento “La secta del Fénix” expone la existencia de una secta que, como corresponde al mundo esotérico, guarda celosamente un Secreto sagrado. Recién al final del no relato (pues las expectativas de leer un cuento resultan defraudadas) el lector se entera de que se trata de la relación sexual y de la consiguiente reproducción.


Resulta llamativo que el ave Fénix, pájaro mitológico cuya eterna reproducción no es sexual pues renace de sus cenizas cada quinientos años, nombre precisamente a una “secta” cuya reproducción sí lo es. Secta que, por añadidura, es toda la humanidad. 





En este simulacro de ensayo dos cuestiones surgen como una epifanía: la naturaleza del Secreto y el horror del investigador ante el acto sexual. “...el Secreto (...) llega tremendamente a todos los fieles”. ¿Cómo no recordar lo que dijo el propio Borges, enmascarado en la figura de Bioy Casares: “los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres”?






Sobre el cuento "La espera", El Aleph, 1949


En el cuento “La espera” (incluido en El Aleph en 1952, tres años después
de su publicación), un innominado personaje del mundo del hampa,
que para ocultarse  adopta  el nombre de su enemigo, se esconde en una
pensión a la espera de poder permanecer con vida o de sucumbir
en manos de su enemigo. La llegada de éste, del verdadero Alejandro Villari,
al final del relato, aporta cierto alivio al fugitivo, que es el alivio
“propio de estar en el día siguiente” como dice Borges cuando
se refiere a  Emma Zunz. Resulta difícil no pensar en “El milagro secreto”,
cuyo protagonista, el escritor checo Jaromir Hladik, que se sabe
inapelablemente condenado a muerte, le  pide a Dios
que le conceda un año para terminar su obra de teatro inconclusa.
En “La espera”, el falso Villari sucumbe aliviado, y en
“El milagro secreto”, Hladik sucumbe justificado por haber podido
dar fin a la obra de teatro. Ambos reciben un disparo,
un disparo larga y dolorosamente esperado.

Lo que hay en común en ambos relatos
es la espera penosa de lo inminente, de lo amenazante.
En la espera hay esperanza, remota, pero la hay.
No es imposible que el falso Villari pueda escapar a su destino.
No así en el cuento de Ficciones, donde en el tiempo que
fantásticamente Dios le concede al poeta, que dura unos breves minutos
que para él son un año, ejecuta su deber. En ambos relatos Borges
reflexiona sobre el tiempo, la cuestión filosófica que más le interesó.
La espera es una posición subjetiva, positiva en la promesa

y negativa en la amenaza.

En estos dos cuentos, se trata de esta última, experimentada por
personajes completamente distintos: un escritor judío
condenado por los nazis y un maleante que es perseguido
por otro hombre del hampa, a fin de saldar alguna deuda cuya naturaleza
nunca se sabrá.

Posteado el 24-1-2018

Otra conjetura, otras causas










Otra conjetura, otras causas


Por Viviana Claudia Ackerman




Jorge Luis Borges,
escritor argentino, 
fallecido el 14 de junio de 1986
en su lecho en Ginebra,
piensa o sueña antes de morir:





¿Qué trama es ésta, del será, del es y del fue? ¿Qué río es éste, por el cual corre el Ganges? ¿Qué río es éste cuya fuente es inconcebible? Los ponientes y las generaciones que engendraron a Hengist, a Muraña y a Abramowicz fueron necesarios para que yo, esta fugacidad, sea Borges. El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. No hay principio en lo causado, no hay fuga del azar (que otros llaman destino). Dijo Tennyson que si pudiéramos comprender una sola flor sabríamos quiénes somos y qué es el mundo. Tal vez quiso decir que no hay hecho, por humilde que sea, que no implique la historia universal y su infinita concatenación de efectos y causas.





Los días y las noches están entretejidos de memoria y de miedo; los días y ninguno fue el primero. En su cielo basta el amor de los que aman, basta la frescura del agua en la garganta de la sed, basta la frescura del agua en la garganta de Adán.





Veo el populoso mar, veo el alba y la tarde, veo las muchedumbres de América (tómame de la mano, Walt Whitman), veo el ordenado Paraíso, que otros llamamos la Biblioteca. Veo el Aleph, desde todos los puntos, veo en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra. Veo el ojo descifrando la tiniebla.





Veo la circulación de mi oscura sangre, veo el engranaje del amor y la modificación de la muerte, veo el amor de los lobos en el alba.




El azar ha jugado a las simetrías, al contraste, a la digresión. Yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Yo estoy destinado a perderme en la palabra, el hexámetro, el espejo.





Oh tiempo tus pirámides. La biblioteca es ilimitada y periódica. La Biblioteca existe ab aeterno. El número de signos ortográficos es veinticinco. La Torre de Babel y la soberbia.





Cuento los días como me enseñaron mis mayores. Yo, Eudoro Acevedo, yo, Johannes Dahlmann, yo, Alejandro Ferri, soy el poeta del tiempo. La luna de las noches no es la luna que vio el primer Adán. Para algunos era el disco que hacía girar su mundo hasta los confines y más allá: la luna que miraban los caldeos.





Las filas de tortugas en el tiempo, las luciérnagas de una sola tarde, las dinastías de las araucarias, las arenas innúmeras del Ganges. las perfiladas letras de un volumen que la noche no borra, son sin duda no menos personales y enigmáticas que yo, que las confundo.





Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña son Scharazada y Schariar que, arrebatados por el tumulto de anteriores magias, no saben quiénes son. Yo tampoco soy; soñé el mundo como tú soñaste tu obra, mi Shakespeare, y entre las formas de mi sueño estabas tú, que como yo eres muchos y nadie.





La música, los estados de felicidad, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, las manzanas de oro de las islas, quieren decirnos algo.





La primera letra del Nombre ha sido articulada en los pasos del errante laberinto.





Mi alimento es todas las cosas. El peso preciso del universo, la humillación, el júbilo, el infinito lienzo de Penélope, las doce irreparables campanadas, el oro del principio, el tiempo circular de los estoicos.




Cómo puede morir una mujer o un hombre o un niño, que ha sido tantas primaveras y tantas hojas, tantos libros y tantos pájaros y tantas mañanas y noches. Soy una región del Irak o del Asia Menor. Soy una moneda custodiada por un grifo. Soy el denario inagotable de Isaac Laquedeem, el florín irreversible de Leopold Bloom, la moneda en la boca del que ha muerto.





En el pasado, que es la estación (nadie lo ignora) más propicia a la muerte, ultrajada la carne por la espada de Hamlet, muere un rey de Dinamarca. El peso de la espada en la balanza.





El ejecutor de una empresa atroz debe imaginar que ya la ha cumplido, debe imponerse un porvenir que sea irrevocable como el pasado. Cada gota de agua en la clepsidra.





Iré más lejos que los bogavantes de Ulises a la región del sueño, inaccesible a la memoria humana. Tornaré a recordar las águilas, los fastos, las legiones.





Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: César en la mañana de Farsalia.





Siglos de siglos y sólo en el presente ocurren los hechos. La sombra de las cruces en la tierra.





Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten. El ajedrez y el álgebra del persa.





Loada sea la misericordia de Quien me prodiga el animoso destierro, que es acaso la forma fundamental del destino argentino. Los rastros de las largas migraciones.





El hombre (Alonso Quijano) se despierta de un incierto sueño de alfanjes y de campo llano. Se lanza a la conquista de reinos por la espada.





¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento y antiguo ser que roe los pilares de la tierra? ¿Quién es el mar, quién soy? Hoy lo sabré. Hoy es el día. Me serán dados la brújula incesante. El mar abierto.




Un sabor difiere de otro sabor, diez minutos de dolor físico no equivalen a diez minutos de álgebra. Hay una línea de Verlaine que no volveré a recordar. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río. Soy el eco del reloj en la memoria.





El alivio que habrá sentido Carlos Primero al ver el alba en el cristal y pensar: hoy es el día del patíbulo. Veo tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos; veo el rey ajusticiado por el hacha.





Eres los otros cuyo rostro es el polvo. Eres los muertos. Eres el polvo indescifrable que fue Shakespeare. El polvo incalculable que fue ejércitos.





Quizá nunca te oí, pero a mi vida se une tu vida, inseparablemente. El Marino te apodaba sirena de los bosques. El agareno te soñó arrebatado por el éxtasis. La voz del ruiseñor en Dinamarca.





Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, la escrupulosa línea del calígrafo.





¿Qué habrá soñado el Tiempo hasta ahora, que es, como todos los ahoras, el ápice? Ha soñado el espejo en que Francisco López Merino y su imagen se vieron por última vez. El rostro del suicida en el espejo.





El dinero es un repertorio de futuros posibles. Puede ser una tarde en las afueras, puede ser música de Brahms, puede ser mapas, puede ser ajedrez, puede ser café, puede ser las palabras de Epicteto, que enseñan el desprecio del oro; es un Proteo más versátil que el de la isla de Pharos. Es tiempo imprevisible. El naipe del tahúr. El oro ávido.




No habrá una cosa que no sea una nube. Lo son las catedrales de vasta piedra y bíblicos cristales que el tiempo allanará. La numerosa nube que se deshace en el poniente es nuestra imagen. Eres nube, eres mar, eres olvido. Eres las modificaciones de la nube. Eres también aquello que has perdido. Eres las formas de la nube en el desierto.





Dejo a los varios porvenires (no a todos) mi jardín de senderos que se bifurcan. Les dejo cada arabesco del calidoscopio.




He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz. Cada remordimiento y cada lágrima.





Mío es ahora el singular sabor de la muerte, a nadie negado. Veo el gran árbol de las causas y de los ramificados efectos; en sus hojas están Roma y Caldea y lo que ven las caras de Jano. El universo es uno de sus nombres. Nadie lo ha visto nunca y ningún hombre puede ver otra cosa.





Alabada sea la infinita urdimbre de los efectos y las causas. Se precisaron todas esas cosas para que nuestras manos se encontraran, para que Paolo y Francesca descubrieran el único tesoro, para que mis libros (que no saben que yo existo) sean tan parte de mí como este rostro.





Ahora, en Ginebra, sé que he de morir. Siento, como otras veces, la tristeza de comprender que somos como un sueño. Viviré y creceré como una música. (También los hombres pueden prometer, porque en la promesa hay algo inmortal.)





Hoy, 14 de junio de 1986, yo, que tantos hombres he sido, yo, ignorante de tantas cosas, agradezco a mis númenes esta revelación de una muerte en la que entro como en una fiesta.”






Publicado en Proa, agosto de 1999

Borges y Borges: una conjetura

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